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CURIOSIDADES CULINARIAS • RESEÑAS DE RESTAURANTES

La dona: una forma sabrosa de disfrutar algo dulce y con mucha personalidad

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9 oct
5 min de lectura


Una dona parece simple a primera vista, pues se trata de un pedazo de masa frita redonda con un toque de azúcar. Sin embargo, la verdadera esencia de esa masita es el producto de una experimentación culinaria, donde distintas ideas, técnicas e ingredientes se pusieron a prueba para crear algo irresistiblemente delicioso. Por eso, para entender la razón de su gran atractivo, es necesario conocer su origen, evolución y los dos grandes grupos que la definen, según su masa y agente leudante.


Close-up of donas recién glaseadas sobre una bandeja de cocina
La dona combina tradición, técnica y antojo en una sola pieza.

Como se sabe, cada historia tiene un principio y en el caso de la dona, no es la excepción. El origen de la dona se relaciona con preparaciones europeas de masa frita que llegaron a Norteamérica con los inmigrantes, especialmente de tradición holandesa. Aquellos primeros panes fritos no siempre tenían el agujero central que hoy reconocemos, pues solo eran piezas de pan dulce, doradas en aceite, que se preparaban para aprovechar ingredientes sencillos, como harina, mantequilla, azúcar y especias.


Con el tiempo, la receta se transformó cuando apareció la idea de hacer un agujero en el centro, lo cual ayudaba a que la masa se cocinara de forma más pareja. Sin ese centro grueso, la dona pudiera haber quedado dorada por fuera y bien cocida por dentro, lo cual terminó convirtiéndose en una de sus características más famosas.


En Estados Unidos, la dona se dio a conocer por primera vez en panaderías, cafés y tiendas especializadas. Pasó de ser una receta casera a una preparación muy popular para desayunos, meriendas y antojos de media tarde. Su evolución también vino de la mano de nuevas presentaciones, como glaseado brillante, coberturas de chocolate, rellenos cremosos, azúcar con canela y varios tipos de decoraciones cada vez más creativas.


Actualmente, las donas pueden tener un estilo clásico o moderno con una decoración sencilla o muy elaborada. Algunas se mantienen fieles a la receta tradicional, mientras que otras juegan con ingredientes, como frutas, caramelo, crema de avellanas, matcha, maple o galletas trituradas. Aun con eso, casi todas parten de una diferencia básica que define su textura y sabor. Esto es sin son de levadura o de pastel.


Eye-level view of una dona clásica con agujero y glaseado brillante
El agujero central nació como una solución práctica para cocinar mejor la masa.

Las donas de levadura están muy asociadas con una textura ligera y aireada. Se preparan con una masa que necesita reposo para crecer, pues la levadura produce gases durante la fermentación que crea burbujas de aire, dando como resultado una miga suave, elástica y esponjosa. Cuando se fríen correctamente, quedan ligeramente doradas por fuera y muy suaves por dentro.


Este tipo de dona suele tener un sabor con notas a mantequilla, vainilla y un fondo fermentado, similar al del pan brioche. No es tan densa ni tan compacta, por lo que combina muy bien con glaseados simples, rellenos suaves y cubiertas que no ocultan su textura. Una dona de levadura bien hecha se siente liviana al morderla, con un interior tierno que absorbe muy bien sabores, como vainilla, chocolate o canela.


Entre las más comunes está la dona glaseada clásica, que se caracteriza por su cobertura fina y brillante de azúcar glass. También, está la dona azucarada, que se cubre aún estando tibia para que el azúcar se adhiera bien. Otra favorita es la rellena, que puede llevar crema pastelera, mermelada, chocolate o dulce de leche. Aunque no tenga agujero, sigue formando parte de esta familia porque su base es masa fermentada.


La dona tipo berlinesa o rellena sin agujero también entra en esta categoría. La clave está en el contraste entre su exterior dorado y su interior cremoso que se combina con su miga suave. Es una de esas piezas que muestran cómo una receta básica puede convertirse en una obra arquitectónica definida por un buen relleno y una masa bien trabajada.


Wide-angle view of donas de levadura en una vitrina de panadería
Las donas de levadura destacan por su interior ligero y suave.

Las donas de pastel, por otro lado, tienen una personalidad distinta. Su masa se parece más a la de un bizcocho, ya que no dependen de la fermentación con levadura, sino de ingredientes, como polvo de hornear o bicarbonato. Por eso se preparan más rápido y tienen una miga más cerrada, tierna y algo más densa.


Su sabor suele ser más intenso porque la masa lleva mantequilla, leche, huevo y en algunas ocasiones, vainilla, especias o purés de fruta. Es ideal para quienes disfrutan un bocado con más cuerpo y sabor. También, funciona muy bien con coberturas gruesas de crema o chocolate, azúcar espolvoreada, canela o glaseados con sabores marcados.


Una de las más conocidas es la de azúcar con canela. Tiene un sabor dulce intenso con un aroma cálido y ligeramente picante, el cual se aprecia al morder la capa crujiente del exterior junto a la miga esponjosa del interior. También, es muy común la dona de chocolate, que puede llevar cacao en la masa y una cobertura de chocolate encima. Otra versión popular es la old-fashioned, que se caracteriza por sus bordes irregulares y ligeramente crujientes, haciendo que combine bien con un glaseado ligero y un toque de canela.


La principal diferencia entre ambos grupos está en la textura. Las de levadura son más aireadas y suaves, mientras que las de pastel son más densas y parecidas a un bizcocho. Esto propicia a que la mordida también se sienta diferente. Por ejemplo, una dona glaseada hace que la mordida se sienta ligera y esponjosa, a diferencia de una dona de pastel, cuya mordida se siente más compacta y con un sabor más pronunciado.


Close-up of una dona de pastel con canela y azúcar sobre papel encerado
Las donas de pastel tienen una miga más firme y un sabor profundo.

Elegir entre una y otra no tiene porque reemplazar los gustos preferidos por los nuevos. Si buscas algo suave, ligero y clásico, una dona de levadura glaseada puede ser la opción perfecta, pero si prefieres un bocado con sabor más intenso y una textura parecida al pastel, una dona old-fashioned o de chocolate pueden cumplir esas expectativas.


Lo más interesante es que ambos grupos permiten experimentar con un sinfín de versiones azucaradas, esponjosas, únicas y llenas de carácter, lo cual explica por qué la dona sigue evolucionando con los años. Esta se ha sabido adaptar a gustos simples y a combinaciones más atrevidas sin perder su esencia.


Al final, conocer su origen y sus tipos más comunes ayuda a elegirla con seguridad y a disfrutarla más. Por lo que la próxima vez que tengas el antojo de una, date tiempo para explorar su textura antes del primer bocado. Si es ligera y aireada, probablemente viene de una masa con levadura, pero si es más compacta y tierna como bizcocho, pertenece al mundo de las donas de pastel. En cualquiera de los dos casos, el resultado puede ser delicioso, siempre y cuando la masa haya seguido el proceso correcto y el sabor esté bien equilibrado.


 
 
 

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